Dentro de la tradición lingüística europea, Hjelmslev es considerado el primer lingüista que indicó la posibilidad de la descomposición del contenido de las palabras y de los morfemas en elementos de contenido. Propuso analizar el contenido semántico de las palabras por medio de la “prueba de la conmutación”, primer procedimiento en el análisis del contenido en rasgos distintivos (Berruto, 1979).
También dentro de la semántica estructural europea es importante mencionar los aportes de Coseriu (1967), quien retoma los postulados de Hjelmslev y plantea el análisis de las estructuras lexemáticas de las lenguas. Dichas estructuras o sectores estarían conformados por términos que se oponen entre sí mediante rasgos distintivos. Coseriu define un campo léxico como una estructura paradigmática constituida por unidades léxicas que tienen una zona de significación en común y se encuentran en oposición inmediata entre sí (Coseriu, 1967).
Debemos tener en cuenta que cuando se realiza la descomposición del significado en rasgos, estamos partiendo de dos supuestos ampliamente aceptados: 1) Las lenguas poseen una estructura en el nivel del significado; dicha estructura se organiza en dominios semánticos que son como universos finitos de términos que denotan objetos, acontecimientos o abstracciones . 2) Un término pertenece a un determinado dominio semántico cuando posee un rasgo que lo relacione con el resto de los términos incluidos en dicho domino.
A partir de estos dos principios se han multiplicado los enfoques con respecto al análisis componencial cuya exposición sobrepasaría el objetivo de este trabajo, así que solamente nos referiremos a los postulados de Lounsbury (1964), Lyons (1963), Burling (1964) y Leech (1985). De acuerdo con Burling (1964:20), el análisis componencial, es decir, la descomposición del significado, se efectúa a un conjunto de términos que conforman un dominio culturalmente relevante mediante el reconocimiento de rasgos o componentes distintivos. Cada término se distingue de los otros en al menos un rasgo o componente.
De acuerdo con esta perspectiva, el “paradigma” (el paradigma es el equivalente a lo que en semántica estructural se denomina campo semántico o campo léxico) vendría a ser un conjunto de términos comprendidos en un dominio cultural o cualquier conjunto de formas lingüísticas donde el significado de cada forma existente comparte un rasgo en común con los significados del resto de las formas de dicho conjunto, y el significado de cada forma existente es distinto por uno o más rasgos adicionales de todas las otras formas del conjunto. Según esta concepción, los rasgos comunes definen el dominio semántico (Lounsbury, 1964:193-212).
Por ejemplo, las palabras “caballo”, “yegua”, “potro” y “potra” forman un paradigma que
podría representarse así:
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En el ejemplo anterior, “caballo”, “yegua”, “potro” y “potra” comparten el rasgo + EQUINO, que vendría a ser el rasgo común y el rasgo que a la vez define el paradigma. El resto de los rasgos se oponen entre sí y distinguen a cada uno de los términos. En una taxonomía estos rasgos distintivos se denominan rasgos adicionales. Por otra parte, Leech (1985) denomina taxonomía binaria a la oposición absoluta entre dos términos, ejemplo: + VIVO, - VIVO. Este tipo de oposiciones son las más frecuentes en las lenguas; sin embargo, como señala el mismo autor, no son las únicas, pues también existen oposiciones entre más de dos términos; este es el caso de las taxonomías múltiples como la terminología de colores. Leech recomienda no utilizar en la notación formal de este tipo de taxonomías los operadores + y -, sino otro tipo de signos gráficos.